AHÍ LO DEJO: “DIVINAMENTE HUMANOS”

– Los pastores nunca mienten… Pregúntaselo al Padre de la Fe Abraham, el “Patriarca”.

– Los pastores nunca se equivocan… Pregúntaselo al líder de masas, Moisés, el “Libertador”. 

– Los pastores nunca abandonan ni se rinden… Pregúntaselo al incansable y valeroso Elías, el (Ungido Varón de Dios”.

– Los pastores nunca pecan… Pregúntaselo al santo y perfecto David, el “Rey de Israel”.

– Los pastores siempre están donde tienen que estar… Pregúntaselo al obediente y dispuesto Jonás, el “Misionero”.

– Los pastores nunca lloran… Pregúntaselo al inexperto pero abnegado Jeremías, el “Profeta”.

– Los pastores no tienen emociones… Pregúntaselo al dulce y tierno Juan, el “Discípulo Amado”, también conocido como el hijo del trueno.

– Los pastores nunca buscan ser importantes… Pregúntaselo a los prudentes y humildes hijos de Zebedeo Santiago y Juan, los “Escogidos Padres de la Iglesia”.

– Los pastores nunca discuten entre ellos… Pregúntaselo a los fundadores de iglesias Pablo y Bernabé, “Apóstoles a los Gentiles”.

– Los pastores nunca se sienten solos… Pregúntaselo al sobreviviente y exiliado Juan, el “Visionario Escritor de Apocalipsis”.

– Etc… etc… etc…

¡¡¡Los pastores son divinamente perfectos!!!, hasta que se comportan como hombres normales y corrientes y hacen las mismas cosas que hombres normales y corrientes, entonces es cuando los perseguimos, los acusamos y los apedreamos por ser hombres normales y corrientes… Eso sí, predican que Jesucristo es el Hijo del Dios Viviente… bueno… (ejem ejem) y tienen la osadía de meterse en nuestras “castas, puras, e impolutas”  vidas. ¡Cómo se atreven!

–––

«Cuando el gentío vio lo que Pablo había hecho, gritaron (en el dialecto local): —¡Estos son dioses con cuerpos humanos que han venido a visitarnos! ¡Creían que Bernabé era Zeus y que Pablo, por cuanto era el orador principal, era Hermes! El sacerdote de Zeus, cuyo templo estaba situado en las afueras de la ciudad, llevó flores y toros para ofrecerles sacrificios, junto con el gentío.

Cuando Bernabé y Pablo se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo, se rasgaron la ropa y se lanzaron entre la multitud gritando: —¡Señores! ¿Qué están haciendo? ¡Nosotros somos seres humanos como cualquiera de ustedes! Hemos venido a traerles las buenas noticias de que deben dejar ya estas cosas que no sirven para nada, y que se vuelvan al Dios viviente que hizo los cielos, la tierra, el mar y cuanto en ellos existe…

Sin embargo, llegaron de Antioquía e Iconio varios judíos que hicieron que ese gentío cambiara de parecer y apedreara a Pablo. Como creían que estaba muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad»

(Hechos 14: 11-15, 19 NBV)


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